Por senderos de espejos: una reseña de Tan frágil camino en mis palabras de Salvador Matheus

Por Moisés Cárdenas

Leer un poemario no es tarea fácil, mucho menos escribir poesía, y más aún si ella está sumergida en la vida misma. En estos tiempos de fragilidad humana, los recuerdos se cuelan en los espejos. “La poesía es el Dios invisible, constante y sonante del verbo; sin ella, la soledad del hombre sería de grandes proporciones. La poesía nunca nos dará la clave exacta de la vida y de la muerte, pero nos deleita, nos hace suyos frente al misterio”, así se refiere Antonio Trujillo a lo que significa este arte. La poesía es emoción, pero también es el canto donde se deposita el lenguaje y se movilizan los sentidos. De ahí que Fernando Paz Castillo dice: “La vida es una constante / y hermosa destrucción: / vivir es hacer daño”, porque la vida es poesía, aunque ella misma sea incertidumbre.

El libro Tan frágil camino en mis palabras, publicado por Arco Secreto Ediciones en 2025, cuenta con un suculento prólogo titulado “Un frágil camino a la esperanza”, escrito por Julio César Blanco Rossitto, quien emprende un viaje a través de las páginas de este poemario telúrico, donde resuena la potente palabra del bardo Salvador Matheus, que se abre paso como una nueva voz de la poesía en Venezuela. Las palabras están en él como aves que sueñan en un árbol, como se menciona: “Se me escapan de las manos / las palabras / sobrevuelan mi entorno como aves / que cantan / y picotean mi cabeza” (p. 17).

Para el poeta, las palabras son la vida, la materia, la arcilla: cosas necesarias para la existencia. El poemario se divide en cuatro partes, metáfora de un pájaro con sus dos alas y dos patas, con el deseo de volar. El poeta quiere volver a los años de infancia y deja los siguientes versos: “Jugar a ser niño / Alcanzar el cielo sobre este avión de concreto que no quiere / despegar por más que se le pida” (p. 18). Por ello, la primera parte se titula “Un pájaro canta apenas para cantar”, compuesta por siete poemas. Le sigue “Dilución del fuego”, integrada por diecinueve poemas, que desemboca en “Feroz invierno”, alada por nueve poemas sin títulos, que se cantan a sí mismos y se funden con la última parte del poemario: “Pájaros embriagados en el alma”, en diecisiete exquisitos poemas. Es que la palabra que vuela es poema, porque los poemas son barcos de papel que se deslizan en la lluvia y se elevan al cielo como cometas para soltar la angustia, como en “Secreto”, que dice:

Hay algo aquí
justo en mi pecho
como un aguijón que crece
y se extiende por mis venas

No deja de ser insoportable
ese rumor que sube por mis cuerdas vocales
dejando una piquiña difícil de aliviar

Quiere abandonarme
sin embargo, prefiero
arrastrarlo hasta el final (p. 18).

El poemario camina por un sendero de espejos, y las palabras sienten dolor, melancolía y tristeza en la tierra. El rapsoda expresa: “También escuchaba la voz de los árboles” (p. 73). La voz poética en Tan frágil camino en mis palabras busca el encuentro consigo misma, con las palabras que tocan las paredes de nuestros pensamientos. Hallamos en Salvador Matheus un poeta revelador, un poeta próximo a la consagración, y mientras aseguro mis palabras, invito a leer este libro.

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