TAN FRÁGIL CAMINO, DE SALVADOR MATHEUS
Por Gonzalo Fragui
Voy a tocar, muy someramente, solo uno de los temas, de los motivos, de las palabras conductoras, de los Leitworte, como los llama Heidegger, que transversalizan este poemario: el destierro.
El destierro, como lo señala el prologuista —el peor castigo para los griegos, tanto que Sócrates prefirió la cicuta—, ha estado presente siempre. Sin embargo, es una característica muy marcada en los tiempos que vivimos: el fenómeno de la migración, con toda la tragedia que eso conlleva, una peor que otra, como lo que sucede actualmente con los migrantes en EE. UU.
Dice el poeta:
Dejarse ir
Tomar el primer barco que llegue
Navegar esos mares profundos
Para encontrarse
Eso me conecta con el lema de esta Filven. Ser “humano” significa, etimológicamente, ser “de la tierra”, del latín humus, tierra. Mitos de las diferentes culturas nos cuentan que el primer “ser” fue hecho de arcilla, lodo o tierra (humus); de allí lo de “humano”.
Un mito griego cuenta que Prometeo creó a los humanos de arcilla y agua. Después, Atenea les fue dando vida: les fue poniendo a cada uno una mariposa, psique, que en griego significa mariposa y alma al mismo tiempo.
Marc de Civrieux, otro de los homenajeados de nuestra Filven, también nos dice que, en un mito maquiritare:
“Wanadi se fue al monte Dekuhana, encontró barro allí. Él lo amasijó, lo moldeó, le dio forma, lo secó al fuego, lo endureció. Wanadi tocó su maraka, encendió su tabaco. Él cantó, él sopló. Fue así como Wanadi hizo el primer hombre.”
Luego Salvador Matheus va a decir:
También emigra el que se queda,
pues está dejándose a la intemperie;
expone su alma y sus sueños,
se siembra en la tierra árida
y se riega en cada conexión a distancia.
Y aquí recuerdo al poeta Oswaldo Hidalgo, quien dice: “Desde que mi hijo se fue, soy un exiliado.”
Es que, en realidad, todos somos exiliados al nacer. Estamos expuestos a la intemperie. Nuestro único refugio es la palabra.
Todos podemos ser víctimas de un exilio, incluyendo al poeta, porque ser poeta no es ningún privilegio. Es la máxima responsabilidad. El mayor de los riesgos. El poeta se asoma a la poesía con el temor de quien se acerca a un gran abismo. Conoce sus peligros. El poeta siempre está en la línea de fuego. Como el equilibrista de Eliseo Diego, sabe que el próximo paso puede ser el último. El exiliado es un ser sacado de su tierra, un desterrado, que ha sido deshumanizado y va por ahí como “vidrios dispersos”, buscando “navegar las aguas salvajes”.
Quisiera finalizar recordando otro mito griego: el mito de Anteo. Anteo era un gigante, hijo de Gea, la diosa de la tierra, y de Poseidón, el dios del mar. Anteo tenía un gran poder. Retaba a todo el que pasaba por sus dominios y lo vencía. Algunas veces, sin embargo, se agotaba y podía ser doblegado y lanzado al piso; pero, al contacto con la tierra, inmediatamente se recuperaba, porque obtenía el poder infinito de la madre. Así, mientras se mantuviera en contacto con la tierra, era invencible. Heracles descubrió el secreto: levantó a Anteo en el aire para que no pudiera obtener el poder de Gea y, finalmente, lo estranguló.
“Leer humaniza” es un recordatorio para no perder el contacto con nuestra tierra, nuestra patria, nuestro terruño. Mantenernos como Anteo, en contacto con la tierra, porque, de lo contrario, estaremos debilitados, como todos los desarraigados, los desterrados, hijos de Eva. Por ello, los Miércoles de Ceniza nos recuerdan que “Eres polvo y en polvo te has de convertir”, aunque don Francisco de Quevedo lo diga mejor, en su poema Amor constante más allá de la muerte:
Polvo serán,
mas polvo enamorado.
Damos la bienvenida a la cofradía de los poetas al joven Salvador Matheus y auguramos larga vida y aliento para su poesía.
