LA LITERATURA COMO COMPROMISO

ALSur

Por: Betsimar Sepúlveda

Fuente: Revista Pasajeros del bandido

Damos por entendido que la literatura es una realidad social que concentra en su haber todos los aportes del pensamiento crítico y reflexivo, del sentimiento y el poder de acción ostentados por el hombre, como individuo y colectivo, en un marco histórico y político.

Partiendo de esta visión primaria, es menester reflexionar acerca del propósito de la ética sobre la estética, a sabiendas de que la literatura es una herramienta de dimensión social formadora y transformadora de intelectos y conciencias.

Para argumentar sobre el valor moral de la literatura llevado al nivel del compromiso es preciso acudir a la crítica marxista, cuya apreciación expone que el arte es el reflejo de la estructura social, en virtud de lo cual el juicio estético debe relacionarse con el mundo social e histórico. Lukács, escritor representativo de esta corriente, señaló que la verdadera literatura refleja las objetivas circunstancias históricas y sociales de su representación artística.

Vale reflexionar sobre el principio de que el escritor debe suscribirse a la calidad expresiva y a sus patrones artísticos sin censuras ni presiones externas. No quiero decir con esto que el escritor se escinda de la realidad de su entorno, porque aunque así lo quiera, en toda obra encontraremos una ideología tácita o explícita; la objetividad o neutralidad es inverosímil, más aún en la sensibilidad de la pluma. Albert Camus fue muy acertado al decir que es imperdonable el no adoptar una postura ante la realidad social y política que se vive.

Encontramos entonces una dualidad sobre el eje del compromiso: la literatura vista como la creación de un solo individuo o como la producción del sujeto colectivo, es decir, de ideas y valores que comparten y refuerzan a un grupo. El escritor asume ser combatiente no solo a favor de su valor estético sino de su poder moral para influenciar a sus contemporáneos; como afirmaba Sastre: “servir a la comunidad”.

En este sentido, creo en la literatura comprometida mas no panfletaria; en unión a la belleza debe estar lo verdaderamente significativo y transformador. “Sin ética no hay estética”, afirmó José María Valverde. El poder de la palabra traduce los valores, deseos, angustias y reclamos del ser humano.

Se debe, pues, escribir para revelar al hombre y el mundo que le rodea con el fin de exhortarlo a tomar conciencia de lo que tiene y lo que podría tener; la estética es un placer, el compromiso con su realidad es un deber.

Sartre libera de este compromiso a los poetas ya que, según él, para los prosistas las palabras son significado mientras que para los poetas las palabras son la cosa misma.

Quizá Sartre no advirtió que para el poeta es una necesidad vital escribir desde la realidad que lo cobija, que la poesía es expresión histórica de razas, naciones, clases; el hombre en ella adquiere conciencia de ser algo más que tránsito, como diría Octavio Paz.

Sin el compromiso del poeta la literatura estaría a medio pulmón. La mismísima Simone de Beauvoir dijo que “el hombre es libre, pero solo su libertad es real y concreta en la medida en que está comprometida, es decir, solo si tiende hacia un objetivo y trata de realizar algún cambio en el mundo”, lo cual no es otra cosa que la radiografía de un poeta. La literatura en su compromiso amplía la comprensión de lo que somos, de lo que otros conocen; nos lleva a la reflexión y al cuestionamiento. Es justamente este compromiso el que nos pone cara a cara con las aberraciones del ser humano y hace sonar el badajo de la conciencia.

Tal vez lo que sí es cierto es que sin ella naceríamos, viviríamos y moriríamos más condenados de lo que estamos, más esclavos de lo que somos.

 

Rosa Regás

 

EL HERIDO

 Miguel Hernández

                             II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,

como un árbol carnal, generoso y cautivo,

doy a los cirujanos.

 

Para la libertad siento más corazones

que arenas en mi pecho: dan espumas mis

[venas,

y entro en los hospitales, y entro en los

[algodones

como en las azucenas.

 

Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el

[lodo.

 

Y me desprendo a golpes de mis pies, de

mis

[brazos,

de mi casa, de todo.

 

Porque donde unas cuencas vacías

[amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas

[crezcan

en la carne talada.

 

Retoñarán aladas de savia sin otoño

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada

[herida.